¿QUÉ ÉS LA DO ?
| La Denominación de Origen Terra Alta fue provisional a partir
del año 1972. En el |
| año 1982, la Generalitat de Catalunya aprobo y publicó el Reglamento por
el cual se regula la viña y los vinos producidos por los viticultores y elaboradores
previamente inscritos. Recordemos que solo los vinos producidos a partir de uvas de viñas
inscritas y que presenten un nivel de calidad determinado, obtenido de acuerdo a
procedimientos reglamentados y de variedades de uvas autorizadas, son los utilizados
por la DO Terra Alta. Casi todo el vino elaborado en la Terra Alta se ajusta a estas
exigencias, con lo cual se ofrece una garantia de calidad, elaboración cuidada y
presentación. El control de calidad y la posterior promoción corresponden tanto al
Consell Regulador de la Denominació dOrigen como al Institut Català de la Vinya i
el Vi. |
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NUESTROS VINOS
Las viñas de la Terra Alta ocupan las partes planas y los
fondos de los valles secos de la comarca; pocas veces alternan con el olivo y el almendro,
que se reservan para los terrenos menos fértiles. Se producen 300.000 hl de vino anuales
con las características siguientes:
Los vinos blancos dominan la producción y pueden ser
ligeros, fescos, secos y elaborados para el consumo inmediato o más viejos, más dulces y
añados hasta el nivel de Reserva (6 meses en roble, saliendo a la venta en su tercer
año). Se distinguen por la alta graduación alcohólica, pueden llegar a los 16º, pero
normalmente tienen de 11 a 14º. Presentan una acidez totalmente baja con un aroma
acusadamente frutal y de color muy peculiar.
Los vinos rosados se elaboran fundamentalmente a partir de
la variedad Garnatxa y casi siempre son ligeros y frescos y para el consumo inmediato.
Resultan muy afrutados y de un color cereza muy característico.
Los vinos tintos pueden también elaborarse jóvenes y
frescos para el consumo inmediato o pueden envejecerse en roble de acuerdo a las
reglamentaciones nacionales. Son de menos graduación que los blancos, son vinos con
cuerpo, afrutados y subidos de color.
También se elaboran vinos generosos, secos y dulces. Dadas
las características del clima y el terreno son muy apreciados los rancios, obtenidos con
crianza tradicional en barricas de roble o envejecimiento especial al aire libre, a sol y
solera.
Entre los diferentes tipos de vino distinguimos
especialmente los Terra Alta clásicos y los Terra Alta nuevos, entre los cuales destacan
los blancos secos y afrutados, los blancos brisados, los rancios, los vinos de misa, el
blanco de lágrima seco, el tinto joven y el tinto brisado.
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LAS
BODEGAS
| En la Terra Alta hay espíritu cooperativista muy arraigado y
una gran parte de la elaboración de los vinos se lleva a cabo en bodegas cooperativas.
Todos los municipios poseen, a excepción de Prat de Compte. Es a finales del siglo pasado
y a principio del |
| actual cuando el movimiento cooperativista de la comarca toma más fuerza.
De la época de la Mancomunitat de Catalunya hallamos "el celler" cooperativo de
El Pinell de Brai con sus arcos parabólicos para sostener la cubierta, obra del
arquitecto Cèsar Martinell, y "el celler" cooperativo de Gandesa. Ambos
edificios son simbolos de toda una época. Actualmente hay inscritos en los registros
correspondientes 46 bodegas (cellers), de los cuales 22 son embotelladores. |
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ELABORACIÓN
Y CRIANZA DE LOS VINOS
Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que el vino es uno de los
mejores y más dignos ejemplos que nos brinda la Historia sobre los modos diversos que
utiliza el ser humano, para obtener un máximo provecho de la Naturaleza. La existencia
misma del vino se fundamenta en el fenómeno inocente, espontáneo, de la fermentación,
originado por unos organismos microscópicos del tipo de los hongos unicelulares,
conocidos como levaduras.
Las bases de la última revolución enológica se
cimentaron por los años sesenta de este siglo, lejos de nuestras fronteras, en los
laboratorios californianos de la Universidad de Davis. La nueva doctrina fue penetrando
lenta pero inexorablemente en el tejido vitivinícola español, inyectándole conceptos
como el control efectivo de las vendimias, la vigilancia de los aromas primarios del
fruto, el orden y la higiene en la bodega. |
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La enología es, a pesar de todo, una ciencia por
fortuna inexacta, a la que se pueden sumar todavía ciertos argumentos de fantasía, de
alquimia, posturas románticas, viejas recetas, golpes de intuición o de nariz, pruebas
de ingenio, rescoldos de misterio... Aunque nos acerquemos, poco a poco, gracias al
perfeccionamiento técnico, a un modelo de vino "hecho a medida", no existe
todavía el vino en serie. Esa es la gracia del asunto.
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EL COLOR DEL VINO
En una primera clasificación los vinos se distribuyen en tres grandes
grupos: blancos, rosados y tintos. Esta clasificación atiende, obviamente, al color que
presentan. Sin embargo, sus diferencias son más complejas y profundas. La inmensa
mayoría de las uvas utilizadas en la elaboración de los vinos presenta la misma
coloración, incolora o ligeramente amarillenta, en su pulpa, independientemente del tipo
de uva, blanca o tinta, de que se trate. Al despojar a una uva tinta de su piel u hollejo,
se observa que la pulpa, es decir, la parte carnosa que aparece, no presenta coloración,
como si de una uva blanca se tratara.
Los pigmentos colorantes (antocianos) que caracterizan y distinguen a
las uvas tintas están, prácticamente siempre, localizados única y exclusivamente en la
piel u hollejos de las mismas.
Estas precisiones sobre el color de las uvas y su distribución sirven
para deducir que, en la elaboración de vinos tintos, es imprescindible conseguir que la
materia colorante localizada en los hollejos se traslade y difunda en el conjunto de la
masa del mosto. Esta condición establece la principal diferencia entre las elaboraciones
de los vinos tintos y blancos.
En el racimo existen elementos y sustancias muy beneficiosos para la
calidad del vino, pero también otras indeseables. Es, por tanto, determinante para la
calidad del futuro vino, conseguir mantener en el mosto las sustancias positivas, asícomo
separar lo antes posible los elementos indeseables, evitando así el efecto negativo que
pudieran ejercer.
A veces, sin embargo, será necesario adoptar actitudes de compromiso.
Así, por ejemplo, los raspones (soportes herbáceo-leñosos de las bayas constituyentes
del racimo) aportan al vino sabores y olores herbáceos, asícomo agua y bases, y pueden
sustraer sustancias valiosas. Por tanto es muy conveniente su eliminación en las fases
más precoces de la elaboración de los vinos. No obstante, en la elaboración de vinos
blancos normalmente hay que mantenerlo, junto con el resto de los componentes del racimo
hasta agotar por prensado el líquido (mosto) que las uvas contenían, ya que, en caso
contrario, la masa a prensar carecería de la esponjosidad necesaria para que pueda fluir
el líquido y que los raspones le confieren.
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VENDIMIA
Una vez que el fruto ha adquirido el grado de maduración deseado,
normalmente entre finales de agosto-principios de septiembre y mediados de octubre, se
procede a la vendimia.
| Aquí tiene lugar la primera selección del fruto. De la
corrección con que se realice la |
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vendimia dependerá el éxito de toda la vinificación, de ahí su
importancia. El transporte desde la viña al lagar es un momento delicado en la vida del
futuro vino. El traslado debe realizarse evitando que la uva sufra presiones excesivas,
con el fin de impedir el deterioro o rotura del grano y la eventual liberación del zumo,
evitándose fermentaciones prematuras indeseables. |
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EXTRACCIÓN DEL
MOSTO
La descarga se realiza sobre la tolva de recepción, un recipiente en
forma de pirámide truncada invertida en cuyo fondo hay un sinfín encargado de
transportar la uva hasta la estrujadora, donde el fruto sufre una rotura por presión,
pero conviene que no se rasgue ni se rompan los elementos vegetales duros del racimo,
pepitas, raspones y hollejos, para que no contaminen al mosto con olores y sabores
indeseables.
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El estrujado da lugar a una pasta viscosa integrada por pulpa chafada,
hollejo roto, pepitas y escobajo o raspón (soporte estructural del racimo). Mediante la
bomba de impulsión de pastas o por simple gravedad se traslada el conjunto a las prensas,
sin que se produzcan más roturas y sin contacto con el aire para impedir un prematuro
inicio en la fermentación. |
Previo al estrujado de las uvas destinadas a la
elaboración de vinos tintos tiene lugar el despalillado, o eliminación del raspón o
estructura vegetal del racimo. Si se mantuviera el raspón en la maceración necesaria
para la extracción del color, el mosto recibiría olores y sabores desagradables y
aumentaría el contenido ácido.
A partir de este momento, los sistemas de elaboración de los vinos
blancos, rosados y tintos se separan en tres procesos bien diferenciados.
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VINIFICACION EN
BLANCO
Tras el prensado tiene lugar el desvinado o separación de los mostos.
La pasta, con el hollejo y el raspón, se traslada a las jaulas. El zumo fluye lentamente
por gravedad o mediante una ligera presión. También existe el desvinado mecánico,
utilizado en las grandes bodegas, por sistemas mecánicos continuos en forma de
conducciones abiertas y perforadas. La pasta procedente de la estrujadora es impulsada
mediante un tornillo sinfín, en algunos casos sometida a una cierta sobrepresión
(semiprensas). Estos sistemas, con sus ventajas, presentan inconvenientes, ya que además
de producir una mayor aireación, originan un enriquecimiento de los mostos en sustancias
oxidables.
Los primeros mostos son los de mayor calidad y reciben el nombre de
mosto yema, de flor o mosto lágrima. Es un líquido de gran ligereza y finura,
aromático, suave, floral y afrutado. La pasta restante, más sólida tras la pérdida de
líquido, recibe presiones de intensidad creciente. Según la presión ejercida, se
obtienen mostos de distinta calidad. Tras el mosto lágrima, fluyen los llamados
"primeras", obtenidos mediante ligera presión. Los "segundas"
proceden de presiones medias. Los mostos de más baja calidad, obtenidos mediante fuertes
presiones, son los "terceras" o mostos de prensa.
La tendencia actual para la elaboración de vinos blancos de calidad se
orienta hacia la supresión del desvinado, tanto estático (mediante jaulas), como
dinámico (por aplicación de desvinadores y semiprensas). La vendimia se traslada
directamente a la prensa, donde tiene lugar un desvinado espontáneo durante la carga, sin
presión. También son bastantes las bodegas que eliminan incluso el estrujado, sometiendo
directamente las uvas a un prensado en prensas de acción delicada.
Cada una de las calidades obtenidas fermentará por separado dando
lugar a diferentes tipos de vino. Los restos que quedan en la prensa son los orujos. Como
no han fermentado, contienen azúcar y reciben el nombre de orujos dulces o frescos. Se
pueden fermentar en anaerobiosis (ausencia de aire), dando lugar a una pasta útil como
abono o soporte de piensos para la alimentación animal. Si se lavan por difusión dan
lugar a las piquetas, las cuales se destilan, transformándose en alcoholes rectificados u
otros derivados alcohólicos. También se pueden destilar directamente, produciendo
aguardiente de orujo, orujo o marc .
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DESFANGADO
Los mostos obtenidos son ricos en materias sólidas en suspensión,
procedentes en su mayor parte de la uva. Para separar estas materias se procede al
desfangado, labor que consiste en dejar el mosto estático, cuidando que no rompa a
fermentar, durante unas 24 horas, de manera que los sólidos caen al fondo por su propio
peso. Con un control meticuloso, los mostos limpios se trasiegan y se llevan a fermentar.
Existen sistemas para realizar este proceso de limpieza del mosto de
forma mecánica: la filtración al vacío, de bastante éxito. En los últimos años, un
buen número de bodegas están elaborando vinos blancos de forma algo diferente,
manteniendo una cierta maceración del mosto con los orujos impidiendo mediante bajas
temperaturas (maceración en frío ) que comience la fermentación. Con este procedimiento
se consigue dotar al vino de un mayor extracto (cuerpo) e incrementar, por tanto, las
sensaciones en boca. También se obtiene una mayor potencia aromática y el vino
evoluciona favorablemente en la botella. Son vinos de vida algo más larga. Por contra,
suelen presentar alguna palatividad (sensación levemente rasposa) en el final de boca.
Mediante el control de la temperatura de fermentación, mantenida entre
18 y 22 C, se logra que el desdoblamiento de los azúcares en alcohol y el desprendimiento
de carbónico sea lento y pausado, conservando los aromas propios del vino y obteniendo
aromas de fermentación adecuados y, en consecuencia, una mayor calidad final.
La fermentación alcohólica se desarrolla en dos etapas, una
tumultuosa y otra más lenta. Con el control de la temperatura de fermentación tienden a
unificarse ambas fases. La fermentación de los vinos blancos dura entre 10 y 15 días y
se da por concluida cuando el vino contiene entre 1 y 2 gramos de azúcar por litro. El
vino está en este momento seco, es decir, con escasa proporción de azúcares. Cada vez
son más escasos los vinos blancos jóvenes totalmente secos. Se suele mantener cierta
proporción de azúcares residuales, cuya presencia está relacionada con la intensidad
aromática.
La fermentación maloláctica o maloalcohólica es una segunda
fermentación en la que, mediante la acción de bacterias en el primer caso o levaduras en
el segundo, el ácido málico se transforma en ácido láctico o en alcohol. Esta segunda
fermentación la experimentan los vinos de las zonas más húmedas, con una alta
proporción de ácido málico, ausente en los vinos de zonas con climas más cálidos, y
puede ser simultánea a la fermentación alcohólica o posterior.
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LABORES FINALES
Una vez finalizada la fermentación, el vino sufre dos o tres trasiegos
con los que se eliminan los restos sólidos procedentes de la fermentación. Estas
operaciones se realizan entre la segunda quincena de noviembre y principios de enero. A
continuación los vinos se seleccionan y se separan por calidades para llevar a cada uno a
su tipo correspondiente, según la línea de la marca o de la bodega, mediante mezclas.
Aún después de los trasiegos, en los vinos siguen quedando elementos
sólidos en suspensión que podrían degenerar confiriendo al vino olores y sabores
desagradables y afectar a su aspecto. Para eliminar estas partículas sólidas se procede
a la clarificación, mediante sustancias encargadas de arrastrarlas y depositarlas en el
fondo del depósito. Esta operación dura unos diez días.
El siguiente paso es la filtración y consiste en hacer pasar el vino a
través de unas sustancias que retienen las partículas sólidas que aún contenga. Los
sistemas son varios, desde filtros de tierras y filtros de placas hasta los más modernos,
esterilizantes amicróbicos.
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VINIFICACION EN
ROSADO
Las labores de estrujado y bombeo son exactamente iguales en los
rosados actuales que las descritas para los vinos blancos. Los mostos fluyen a través de
las sustancias sólidas arrastrando en su camino parte de las materias colorantes del
hollejo para obtener un mosto de aspecto ligeramente coloreado.
Para la elaboración de vinos rosados se utiliza exclusivamente mosto
yema y mosto primera.
Existe un segundo procedimiento en el que, tras un despalillado previo
(eliminación de escobajo o raspón), las uvas se estrujan y se trasladan a un depósito,
donde se mantiene el mosto en contacto con el hollejo durante 12 a 16 horas, impidiendo
que comience la fermentación. Transcurrido ese tiempo, el mosto ha tomado color y se
procede al sangrado o separación del mosto y la pasta sólida.
El desfangado se verifica de igual modo que en la elaboración de los
vinos blancos. La fermentación, llamada fermentación en virgen (sin presencia de
hollejos), se debe realizar a temperatura controlada para obtener vinos frescos y
afrutados. El resto de las operaciones son las mismas que las descritas para la
vinificación en blanco.
Existe una gran confusión a la hora de discernir entre vinos rosados y
claretes. En muchas ocasiones se venden rosados como claretes o claretes bajo la
denominación de rosados. La diferencia está en el método de vinificación, en virgen
para los rosados y en presencia de hollejos los claretes. Estos últimos actualmente
están fuera de lugar desde el punto de vista legal, ya que la normativa de la CEE no
contempla el vino clarete como tipo. No obstante, mantiene su interés explicativo.
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VINIFICACION EN
TINTO
En la elaboración de los vinos tintos no se utilizan los racimos
enteros, sino uvas a las que previamente se ha liberado del escobajo o raspón. Como la
extracción del color tiene lugar por maceración, la presencia en la misma de la
estructura del racimo conferiría al vino olores y sabores herbáceos desagradables,
además de afectar a su contenido ácido y disminuir el grado alcohólico. El estrujado se
realiza igual que con la uva blanca, aunque están muy extendidas las estrujadoras
centrífugas.
| La pasta resultante del estrujado se lleva a un
depósito o tino de madera, hormigón |
 |
hormigón o acero inoxidable o revestido, donde tienen lugar
las labores previas al inicio de la fermentación. En el tino se deja un 20% de su
capacidad sin cubrir, ya que cuando fermente la pasta aumentará su volumen y ocupará
parte del espacio vacío; el resto servirá para llegar a todos los puntos de la
superficie en la manipulación necesaria. |
Previamente, en el estrujado, se adiciona anhídrido
sulfuroso para lograr una selección en la fauna microbiana que va a intervenir en la
fermentación y para que ésta se realice correctamente. El sulfuroso ayuda también a la
extracción de color y da lugar a una mejor disolución del mismo. A continuación se
inicia la fermentación.
Durante la fermentación y por acción de las levaduras, los azúcares
se desdoblan en alcohol y se desprende anhídrido carbónico (C02); al mismo tiempo las
materias colorantes del hollejo se disuelven en el líquido. El gas carbónico desprendido
empuja hacia arriba los hollejos, formando una barrera superior denominada sombrero. Esta
barrera hay que remojarla con mosto en fermentación para activar la extracción del
color. Esta operación se realiza por medio de bombas y recibe el nombre de remontado. El
hollejo también debe removerse periódicamente en una operación denominada bazuqueo . La
temperatura del proceso de fermentación no debe sobrepasar nunca los 30 C.
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DESCUBE
Cuando se finaliza la maceración, el líquido se trasiega a otro
depósito en una operación que se denomina descube . Es en el segundo depósito donde
finaliza la fermentación, en un proceso denominado fermentación lenta, en
contraposición a la fase anterior que se conoce como fermentación tumultuosa. La primera
fase tiene una duración de 6 a 10 días; la segunda entre 10 y 20, dependiendo de la
temperatura.
Tras el descube, el sombrero contiene aún mosto-vino, en una
situación semejante a la de una esponja reteniendo agua. El ambiente del interior se
libera de anhídrido carbónico y tiene lugar el remangue , operación que se realiza a
mano consistente en remover la pasta para que siga fluyendo líquido. El sangrado es la
extracción por gravedad de este mosto-vino que recibe el nombre de mosto sangrado . Se
trata de un líquido con mucho color y aspereza, pero que con el tiempo y buenos cuidados
puede dar lugar a vinos de calidad.
Hoy en día se dispone de modernos depósitos para la elaboración de
vinos tintos. Son depósitos construidos en acero inoxidable o, más raros, en acero
revestido, llamados autovaciantes, que incorporan mecanismos para realizar todas las
operaciones descritas (remontado, rociado, removidos, descube, etc.) de forma mecánica y
automática, según programas preestablecidos en función de las condiciones de la
vendimia y del objetivo pretendido.
Los orujos restantes se transportan a la prensa, donde por medio de
fuertes presiones se obtiene un vino de baja graduación pero rico en color y taninos, muy
astringente, llamado vino de prensa. Los orujos sólidos van a parar a las alcoholeras.
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TRASIEGOS
Cada calidad de vino obtenida por las anteriores labores finaliza su
fermentación por separado. En el fondo del depósito se van acumulando materias sólidas,
quedando el vino limpio. Este aclarado se ve favorecido por la acción del frío y la
época en que tiene lugar coincide con las temperaturas exteriores más bajas, lo cual
acelera su afinamiento. El vino adquiere un color más morado y pierde el tono bermellón
de su nacimiento. Los trasiegos se repiten periódicamente, quedando las materias sólidas
en el fondo de los depósitos. Con los trasiegos se evitan posibles contaminaciones
producidas por la descomposición de estas materias.
Una vez finalizada la fermentación, los vinos se seleccionan por
calidades y se decide su destino, bien sea una inmediata salida al mercado, bien una más
o menos prolongada crianza.
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CRIANZA DE LOS
VINOS
La crianza de los vinos es un proceso largo y delicado, destinado a
conferir unos caracteres distintos a un vino ya elaborado. Se parte de un vino
perfectamente apto para el consumo, pero con laposibilidad de ver mejoradas sus cualidades
mediante el envejecimiento.
Madera y vino forman una sociedad estable que se nos presenta además
prácticamente indivisible. La madera cede al vino sus valores aromáticos, a la vez que
presta los propios taninos, que se van fundiendo con los taninos del vino. Estádemostrado
que la estancia de un vino en tonel retrasa su decadencia. Es cuestión de equilibrio; si
el vino permanece largo tiempo criándose en vasija de roble, los taninos ásperos de la
madera terminarán por derrotar a los aromas originales del propio vino.
El vino destinado al envejecimiento suele ser robusto, recio, agresivo
al paladar, con colores intensos y vivos. El primer año de crianza se puede verificar en
depósitos, donde se van decantando las partículas sólidas que aún contenga en
suspensión. El vino se trasiega cada cuatro meses para ir eliminando las materias
sólidas.
Para conseguir un buen vino, es necesaria una buena madera. La más
adecuada es la de algunas variedades del roble. La capacidad de las barricas es variable;
se considera más adecuada la barrica bordelesa, con una capacidad en torno a los 225
litros.
| La barrica debe estar limpia, exenta de sólidos
de cualquier procedencia y de olores. |
 |
Debe ser estanca, sin fisuras por donde
pueda perderse el vino o penetrar el aire.
Antes de recibir el líquido, se quema azufre en el interior de la
barrica para sanear el ambiente y eliminar el oxígeno. El vino se introduce lentamente,
por medio de una caña que llega hasta el fondo, con el finde que no se forme espuma que
desplace el anhídrido sulfuroso formado por la combustión del azufre. De esta manera el
líquido no tendrá ningún contacto con el aire. En el transcurso de la operación, el
encargado del llenado golpea la barrica con una maza de madera. Con ello consigue conocer
el nivel de llenado y ayuda a que la espuma o posibles gases ocluidos en el seno del
líquido salgan a la superficie. Una vez llena, se cierra con un tapón recubierto de
arpillera. |
Cuando están llenas y bien cerradas, las barricas se
colocan en hileras unas sobre las otras. Permanecerán en esta situación aproximadamente
seis meses. El local donde se sitúan las barricas, preferentemente excavado o
semiexcavado en el terreno, ha de tener una temperatura baja no totalmente uniforme (debe
oscilar unos 5 C entre verano e invierno) y la humedad debe ser de un 75% aproximadamente.
Estas condiciones favorecen una microoxidación lenta y homogénea y, por tanto, más
equilibrada y perfecta. Además, reduce la merma (pérdida de líquido por evaporación).
Al apilar las barricas, hay que procurar que sus cierres sean
herméticos. Para ello se sitúan en la pila de manera que el tapón de cada una quede
algo inclinado con respecto a la vertical, a fin de que esté siempre mojado y, por tanto,
hinchado, prieto y hermético.
A los seis meses se trasiega el vino a otra barrica, con las mismas
condiciones de limpieza que la primera. En el trasiego se separa el vino limpio de los
depósitos del fondo, al mismo tiempo que se busca cierto grado de aireación y respiro
para el vino. La nueva barrica debe llenarse completamente, sin que quede el vacío
producido por la merma.
La segunda fase de la crianza en barrica se prolonga durante varios
meses hasta que el vino llega al punto deseado. Al final del proceso, tanto los aromas
como los sabores del vino se encuentran aún en una etapa intermedia en su evolución. Con
el fin de conseguir una unificación de cualidades, se procede a la mezcla de vinos
complementarios dentro de una misma cosecha (homogeneización y tipificación).
A continuación tiene lugar una suave clarificación seguida de un
filtrado final y se embotella.
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CRIANZA EN BOTELLA
En esta fase se utilizan botellas bien limpias y corchos al mismo
tiempo elásticos y resistentes, de una longitud mínima de 44 mm y que no tengan olores y
sabores extraños ni poros por donde pudiera salir el líquido. Una vez llena y bien
tapada, la botella se traslada a los botelleros, en las cuevas o calados, donde
permanecerá en posición horizontal formando rimas .
Los calados son naves subterráneas o perfectamente aisladas, que no
deben estar sometidas a corrientes de aire ni a cambios bruscos de temperatura. La humedad
relativa del aire debe ser siempre superior al 70%. La botella en posición horizontal
provoca que el vino esté en contacto con el corcho, humedeciéndolo y dando lugar a un
cierre hermético.
| El vino que ha evolucionado bien en la crianza en madera, en
la botella se afina y se redondea, se pule en el paso de boca y enriquece su aroma gracias
a las sustancias producidas en el ambiente reductor (sin oxígeno) de la botella,
adquiriendo una |
mayor complejidad y elegancia. El proceso de crianza en
botella puede durar en los grandes vinos muchos años.
Una vez terminada la etapa de botellero, se considera al vino terminado. Se saca de los
calados, se lava la botella de restos de polvo, se colocan las etiquetas y la cápsula y
ya puede salir al mercado. |
 |
Según el período de envejecimiento los vinos sometidos
a crianza por el sistema de añadas, en proceso mixto de madera y botella, pueden llevar
en su etiqueta diversas indicaciones (crianza, reserva, etc.). La correcta utilización de
estas indicaciones está definida en el Real Decreto 157/88 del 22 de febrero.
Todas las indicaciones sobre crianza quedan reservadas a los vinos con
denominación de origen, en los cuales se pueden aplicar normas más restrictivas
establecidas por el reglamento respectivo.
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CRIANZA
DE LOS VINOS GENEROSOS
Son vinos de graduación alcohólica comprendida entre 15 y 23 C. Se
obtienen mediante sistemas de crianza muy peculiares y definitorios que les aportan
características propias. Se identifican con los vinos andaluces, si bien se elaboran en
diversas partes de España.
Se parte de un vino con una graduación alcohólica comprendida entre
los 11 y 15 C, pálido, ligero y muy limpio, que, según sus cualidades, será destinado a
la elaboración de diferentes tipos de generosos. Para los finos y denominaciones
equivalentes (pálido de Rueda, etc.), se utilizan los más pálidos y ligeros. Los
amontillados proceden del encabezamiento (incremento del contenido alcohólico mediante
adición de alcohol vínico) de vinos finos cuyo color ha evolucionado. Los olorosos nacen
del encabezado inicial de vinos con más color y algo más de cuerpo que los utilizados
para los anteriores.
La selección de los vinos base, denominados mosto-vino, se realiza en
los primeros días del mes de enero siguiente a la vendimia. Una vez decidido el destino
de cada una de las calidades del mosto-vino, se encabezan con alcohol vínico. Los finos
llegan a un contenido alcohólico entre 15 y 16 y los olorosos entre 18 y 19 C.
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SOBRETABLAS
Cada tipo se lleva a botas vacías, recibiendo los vinos el nombre de
sobretablas. Las botas son recipientes de roble con una capacidad de 550 litros. Se
sitúan en la bodega según el tipo de vino. Las de olorosos, completamente llenas, en las
zonas más altas de las pilas o en lugares donde el calor actúa sobre ellas. Las botas de
los finos, vacías en su sexta parte, ocupan las zonas más frías y húmedas de la
bodega.
Cada uno de los tipos de generoso recibe una crianza especial. Los
finos evolucionan por crianza biológica, es decir, por la acción de levaduras que se
acumulan en la superficie del vino formando el llamado velo de flor. También reciben el
nombre genérico de vinos de crianza en flor.
Los olorosos sufren una crianza físico-química u oxidativa. La
evolución se verifica por la acción del oxígeno sobre el vino, al que llega a través
de los poros de la bota.
Los amontillados son vinos finos cuya correcta evolución se ha visto
alterada por alguna razón y se han remontado. Estos vinos reciben un segundo
encabezamiento hasta llevarlos a un contenido alcohólico de 18 a 19 y continúan su
crianza como los olorosos.
El resto de los generosos son distintas calidades de los ya descritos o
bien producto de mezcla con vinos dulces.
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ESCALAS,
CRIADERAS Y SOLERAS
El sistema empleado para obtener vinos homogéneos dentro de cada uno
de los grupos es el denominado de escalas, criaderas y soleras . Las botas de cada tipo de
vino se agrupan una sobre otra normalmente hasta un total de tres, formando lo que se
llama una pierna . En una pierna, se denominan soleras a las barricas mas próximas al
suelo. Las que están por encima se denominan criaderas, siendo la criadera primera la
más cercana a la solera, criadera segunda la siguiente, etc.
La escala se compone de varios grupos criaderas y soleras que van
interrelacionados unos con otros, pasando el vino de una a otra fila de botas, siempre en
el sentido del más joven sobre el mas viejo. El vino destinado a la comercialización se
extrae de las soleras y supone aproximadamente un tercio del contenido de cada bota. Una
vez que en la solera se ha creado el hueco, tiene lugar la saca o extracción deun sexto
del contenido de las botas de la criadera primera. Este vino se homogeiniza en una
operación llamada cabeceo y con él se llena el hueco dejado en la solera en una
operación que se conoce como rociado. A continuación se repite el proceso con las
criaderas superiores.
Esta operación se denomina corrimiento de escalas y se hace siempre al
completo de unas criaderas a otras con el fin de que las botas queden siempre llenas. Al
final de este proceso, la última criadera queda vacía y se incorporan los vinos sobre
tablas o vinos nuevos.
Antes de la comercialización, el vino extraído de las criaderas es
sometido a un cabeceo para unificar las calidades. A continuación se estabiliza mediante
clarificación y filtrado y se embotella.
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CRIANZA
DE LOS VINOS ESPUMOSOS
Los vinos espumosos son aquellos que contienen gas carbónico de origen
endógeno, es decir, que se crea en el vino a causa de la segunda fermentación que tiene
lugar en él. Esta segunda fermentación se provoca por la adición de una cantidad de
sacarosa y levaduras especiales capaces de transformar el azúcar en alcohol y anhídrido
carbónico en circunstancias especialmente adversas.
Esa segunda fermentación del espumoso y la posterior crianza en
botella trae consigo la incruenta autodestrucción de las levaduras, que han trabajado a
tope y terminan exhaustas. El característico aroma del cava a tahona o a miga de pan,
cuanto más viejo más acusado, proviene de este fulgor y posterior desvanecimiento de las
laboriosas levaduras.
Existen dos tipos de vinos espumosos. La mejor calidad se consigue por
el llamado método champenoise, mediante el cual la segunda fermentación tiene lugar en
la propia botella. Es el sistema empleado en la región francesa de Champagne y en España
para la elaboración de los cavas. En el segundo sistema, denominado granvás o grandes
envases, la fermentación tiene lugar en grandes depósitos de acero inatacable. Es el
sistema de los asti spumante italianos y de la mayor parte de los espumosos alemanes. Los
vinos gasificados no han experimentado segunda fermentación; el gas es añadido mediante
procedimientos físicos a un vino cualquiera.
Método tradicional
Vamos a seguir el proceso del método champenoise o método
tradicional, por ser el que proporciona vinos de mayor calidad y también el más
extendido en España. Buena parte de la calidad final del producto depende de la
selección de un buen vino base. Debe ser de color pálido, limpio a la nariz, paladar
afrutado, ácido, ligero, con una graduación alcohólica que no exceda de los 11 C y con
bajo contenido en anhídrido sulfuroso. Puede ser un vino joven o con cierta crianza en
madera y tendrá los mismos cuidados que cualquier vino blanco de mesa de calidad.
Para provocar la segunda fermentación se adiciona el llamado licor de
tiraje, integrado por una disolución de azúcar y levaduras seleccionadas en vino,
generalmente un vino más viejo que el vino base. En él se encontrará un máximo de 25
gramos de azúcar por litro y una selección de levaduras capaces de transformar el
azúcar en anhídrido carbónico en un medio reductor y a cierto nivel de presión,
aportando aromas agradables o sin aportar aroma alguno. También incluye una pequeña
cantidad de un clarificante (bentonita). El licor tiraje y el vino base se unen en un
depósito y se comienza el tiraje o llenado de botellas. Una vez llenas y bien cerradas,
mediante un tapón estrella (la clásica chapa), se traslada a las cavas, donde tendrá
lugar la fermentación.
La peculiar forma de las botellas de cava está calculada para aguantar
la presión producida por la fermentación y la consiguiente creación de gases.
Fase de rima
Las cavas son naves, generalmente subterráneas, donde se mantiene una
temperatura baja y uniforme y un adecuado nivel de humedad. Las botellas son apiladas en
posición horizontal, constituyendo bloques de rimas. El trabajo de las levaduras tiene
lugar en esta posición y, curiosamente, sin que el envase se enturbie. La ley establece
un período mínimo de 9 meses para este proceso. A veces, si la fermentaciónes perezosa,
antes de los cinco meses se cambian las botellas de una rima a otra con el fin de agitar y
remover la hez para reavivar la función de la levadura. Es necesario que esta operación
se realice antes de cinco meses, pues éste es el período estimado de vida de las
levaduras.
Interesa la vigilancia estrecha del carbónico, para que se ligue en la
botella y el posterior desprendimiento de gas sea fino en la copa, lento y prolongado.
Una vez finalizada la fermentación, el vino debe ser aclarado, es
decir, es necesario agrupar las lías o sedimento formado por los restos de la
fermentación.
Removido
Las botellas se trasladan en posición horizontal hasta los pupitres y
se procede a la colocación de las botellas en ellos en lo que se denomina carga delos
pupitres . Las botellas se cargan dejando el gollete en la parte inferior, con el fin de
que los restos se agrupen cerca de la boca. El removido es una operación consistente en
dar un giro brusco a la botella que produce un deslizamiento del depósito hacia la boca
de salida. Esta operación debe realizarla cotidianamente un experto y normalmente se
invierten en ella unos 21 días. El movimiento hay que hacerlo con la muñeca y
corresponde a 1/8 de la circunferencia de la botella. Con cada toque la botella se va
inclinando hacia la vertical. Durante el removido, la botella pasa de una posición
horizontal a la vertical en punta.
En este procedimiento tradicional se está viendo sustituida la labor
humana por la introducción de maquinarias específicas que requieren también la
adopción de pupitres especiales (giropalés) .
Al final del proceso, el poso se encuentra recogido en la boca de la
botella. El líquido aparece estable, transparente y limpio y se procede a la descarga o
vaciado de los pupitres, manteniendo siempre la botella en posición vertical. La botella
que no se ha aclarado recibe el nombre de culosa y es desechada.
La idea del cava de reserva mantiene diversas interpretaciones, pero
digamos que se centra, salvo muy raras excepciones, en los cavas con más de tres años,
que el reglamento denomina grandes reservas y que llegan a los cinco o seis de crianza en
cava, el límite considerado máximo para envejecer esta bebida. El cava, con la edad,
pierde bravura y gana complejidad, la que le aporta el más prolongado contacto con las
lías de la fermentación, con las levaduras.
Degüelle
Siempre en posición vertical, la botella se pasa por un baño de
salmuera, donde se sumergen los cuellos hasta cubrir la parte ocupada por los posos. La
temperatura del líquido es de 10 bajo cero, de manera que esta zona se congela, quedando
el depósito aprisionado en un pequeño bloque helado.
Mediante el degüelle se destapa la botella de manera que el deposito
se proyecte hacia el exterior gracias a una pequeña explosión. Hay que evitar la
pérdida de gas carbónico. Esta operación se puede realizar a mano, por personal muy
especializado, o bien mediante máquinas automáticas específicas.
A continuación tiene lugar la adición del licor de expedición para
dar el toque final al producto. El licor de expedición generalmente es un vino viejo, muy
estable y totalmente neutro en el que se han diluido una serie de productos que darán
personalidad al cava. Es aquí donde se añaden los azúcares necesarios para llevar al
vino a los diferentes tipos, que según su contenido en gramos de azúcar por litro se
clasifican en:
Brut natural o brut nature: de 0 a 3 gramos de azúcar residual (sin
adición de licor de expedicción).
Extra brut: vino espumoso con un contenido en azúcares de menos de 6
gramos por litro.
Brut: de 0 a 15 gr./l.
Extra seco: de 12 a 20 gr./l.
Seco: de 17 a 35 gr./l.
Semiseco: de 33 a 50 gr./l.
Dulce: con más de 50 gramos de azúcar por litro.
Tras la adición del licor de expedición tiene lugar el renivelado,
consistente en añadir la cantidad necesaria del propio vino para que la botella alcance
su llenado. Para tapar la botella se emplean tapones especiales compuestos de arandelas de
corcho en la parte que va a estar en contacto con el líquido y de conglomerado en el
resto. Las arandelas son fracciones circulares de corcho de la mejor calidad. Normalmente
son dos, pegadas con resinas especiales de alta adherencia y resistentes a la tracción y
torsión. Es la parte más elástica del corcho y la encargada del cierre hermético.
Para sujetar el corcho se emplean dos sistemas. El bozal es una brida
de alambre con una chapa superior que cierra mediante el trenzado de su círculo inferior.
La grapa o ágrafe es el sistema de cierre tradicional. Es una barra
estrecha que cierra cruzando el corcho por su parte superior y sujetando el anillo de
vidrio del cuello de la botella. A continuación se colocan las etiquetas y el cava ya
estálisto para su comercialización.
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LA BODEGA EN CASA, CONSUMO Y DISFRUTE DEL VINO
El aficionado tiene derecho a fabricarse su pequeña o gran enoteca de
tesoros enológicos, hecha a la medida de sus posibilidades y en función de sus
inquietudes. No obstante, las dificultades de espacio y ambientales que presentan los
pisos urbanos y buena parte de los edificios que se construyen en la actualidad hacen poco
recomendable la instalación de una bodega casera. Trasteros, garajes y áticos están
pensados para otros menesteres y, en general, presentan condiciones poco favorables para
una adecuada conservación de los vinos.
Conviene aclarar que gran parte de las firmas vinícolas españolas
comercializan básicamente vinos "hechos" o "terminados", a diferencia
del denominado "estilo bordelés", que alternativamente obliga al consumidor a
participar de los costes financieros de permanencia del vino en botella, colocándole un
producto "inacabado".
En cualquier caso, si su afición es la de guardar botellas, debe saber
que una buena bodega casera habrá de buscar su emplazamiento en un lugar donde el vino no
sufra cambios demasiado bruscos de temperatura ni la agresión de la luz, los olores
fuertes, de pinturas o insecticidas, humos, ruidos excesivos o vibraciones. Desestime el
almacenamiento de botellas en la cocina o el garaje. Busque la orientación menos cálida
de la casa. Es deseable que los vinos permanezcan en una atmósfera fresca, por encima del
70% de humedad relativa; que la temperatura no baje de 10 y que haya una cierta
ventilación. El aparato de aire acondicionado es una solución cara y no del todo
satisfactoria, porque reseca el ambiente.
Bodega subterránea
Los locales que más se acercan a estas condiciones ambientales son las
clásicas cuevas de las casas de campo tradicionales o de los viejos edificios.
Naturalmente, no todo el mundo tiene a su alcance una bodega de estas características. Es
más frecuente una casa de reciente construcción con un sótano subterráneo en el que
exista o se pueda habilitar una estancia dedicada específicamente a bodega.
Si existiera la posibilidad de construirla, deberá situarse cerca del
muro norte, en el que inciden menos los rayos del sol y queda por tanto protegido de
cambios bruscos de temperatura. Convendrá también aislar la habitación lo mejor posible
de los ruidos, evitando la proximidad de fuentes de calor, como chimeneas, olores,
procedentes de despensas o alacenas donde se guarden insecticidas, abonos, pinturas u
otros productos químicos.
Para conseguir un nivel aceptable de humedad en el caso de una
habitación demasiado seca, un sistema adecuado y barato es la simple colocación de
recipientes con agua distribuidos convenientemente. El agua debe renovarse con frecuencia.
También se fabrican aparatos humidificadores eficaces, aunque no resultan demasiado
baratos.
El suelo de tierra es el más adecuado; absorbe la humedad excesiva y
en caso necesario puede ser fuente de humedad mediante un ligero riego. En esta última
circunstancia hay que tener cuidado para que no se formen charcos en los que puedan
desarrollarse bacterias perjudiciales para el vino. Si no es posible tener suelo de
tierra, el mejor sustituto es un terrazo poroso.
Nuestra bodega debe ser oscura, iluminada por una simple bombilla.
Amueblar la bodega
Las opciones para almacenar botellas son variadas y casi todas
válidas. Desde unas simples estanterías metálicas desmontables hasta costosos
botelleros de madera, pasando por materiales plásticos, mampostería e incluso unos caros
botelleros de metacrilato o de piedra volcánica. Es recomendable no almacenar las
botellas en cajas de cartón, ya que con el tiempo se deterioran y podrían contaminar el
vino.
En bodegas con humedad alta no interesan los muebles de madera porque
tarde o temprano acaban siendo atacados por la humedad y se deterioran. Las estanterías
metálicas dan menos problemas, pero se oxidan y no son estéticamente atractivas, si bien
es cierto que esa oxidación del metal no afecta en principio al vino. En estos casos, los
botelleros de mampostería, de barro cocido o de arcilla son los más eficaces.
Tampoco es apropiado el clásico barrilito de madera. No es más que
una fuente de problemas; necesita estar siempre lleno para que la madera no se reseque y
se abran fisuras entre las duelas y es complicado limpiarlo. La experiencia nos sugiere
que estas pequeñas barricas no se vacían completamente de una sola vez, sino que se van
extrayendo cantidades pequeñas de vino, dejando un vacío en los recipientes. Como no es
fácil crear una atmósfera inerte, el vino se oxida e incluso se avinagra, creando un
nido de bacterias difícil de erradicar.
Armarios de conservación
Aunque la previsión sea de un consumo a corto plazo, conviene guardar
los vinos adecuadamente. Cumplen bien esta función los modernos armarios de conservación
y de servicio del vino, con una amplísima gama de modelos y tamaños, incluso con
diferentes prestaciones, destinados unos a la conservación y otros a la atemperación del
vino para su consumo.
También empieza a llegar a España otro complemento interesante para
el aficionado, el aparato de creación de atmósfera inerte en una botella abierta. Con su
utilización se evita la pérdida de ese resto de vino que no se ha consumido durante la
comida y que, al permanecer en contacto con el aire, pierde buena parte (o la totalidad)
de sus cualidades. El sistema consiste en sustituir el aire de la botella por nitrógeno,
creando un ambiente que impide la oxidación del vino. Desde hace poco, se están
comercializando ingenios de este tipo, con buenos resultados.
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¿QUÉ Y DÓNDE
COMPRAR?
Al ir a comprar un vino vigilaremos que el establecimiento no nos venda
una botella del escaparate, o con la etiqueta deteriorada. El vino es frágil a las
inclemencias, el corcho puede estar reseco, posibilitando mermas y oxidaciones. La primera
señal exterior de alarma es la exudación por el tapón de una sustancia oscura y
pegajosa, síntoma de dilatación del vidrio por el calor sin que el tapón se haya
expandido.
Tan importante como las condiciones de conservación del vino es la
selección del establecimiento donde se va a adquirir, sobre todo por el estado en que se
encuentren las botellas.
Los supermercados y grandes superficies no son los lugares más
fiables, aunque sus precios en ocasiones resulten bastante asequibles. Las razones son
varias e interviene tanto la calidad del ambiente como la atención por parte de los
empleados del establecimiento.
En general, en este tipo de supermercados, hipermercados, etc. -salvo
en las grandes superficies con alta rotación de productos-, los vinos están expuestos en
estanterías, en posición vertical y sometidos a la luz y a todo tipo de ruidos, olores,
cambios de temperatura y manipulaciones poco cuidadas. Estos establecimientos suelen
comprar grandes cantidades de vinos para conseguir mejores precios y a veces las botellas
se almacenan junto a todo tipo de productos durante tiempo indefinido hasta su puesta a la
venta. También es tradicional ofrecer "como gancho" un vino determinado a un
precio rompedor y el resto se vende a precios de mercado. Muchísimo más recomendables
son las pequeñas tiendas especializadas, concebidas para vender vinos y dotadas, por
tanto, de mejores condiciones de conservación (temperatura, armarios de conservación,
bodega de almacenaje del vino, etc.). Estos comercios especializados compran, por razón
de su tamaño, pequeñas partidas de vinos. No consiguen los precios favorables de las
grandes superficies, pero garantizan una rotación rápida del producto. Es bastante
difícil que ofrezcan vinos deteriorados o que no estén en buenas condiciones. Por otra
parte, al frente de ellas suele haber profesionales dedicados exclusivamente a vender
vino, es decir, con conocimientos especializados, más amplios que los de un dependiente
normal de cualquier otro tipo de tienda.
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CONSUMIR Y
DISFRUTAR EL VINO
Las buenas botellas son objetos preciosos, que se dejan querer si se
las trata como corresponde, y lo agradecen después, brindándonos la ocasión de
emocionantes experiencias digestivas.
 |
Para obtener el mayor placer de la degustación de un vino es importante
saber cuáles son las circunstancias óptimas para su consumo. Las normas que debemos
aplicar están plagadas de excepciones y considerablemente tamizadas por el gusto personal
de cada cual. |
La temperatura de consumo
Es uno de los aspectos que provoca mayor controversia. La vieja ley de
tomar los tintos "a temperatura ambiente", un verdadero despropósito, sigue sin
estar del todo derogada. En el otro extremo de lo inadecuado estáel servicio de los vinos
blancos y rosados a temperatura demasiado baja, seguramente bloqueados en sus aromas y
sabores naturales. Aquí es cuestión de esperar a que se atemperen. Conviene aclarar que
algunos blancos de crianza pueden tomarse menos fríos, incluso a 16 C, mientras que los
tintos jóvenes mejoran si se consumen frescos.
En general, la temperatura de servicio de cualquier vino no debe
sobrepasar los 18 C. En el caso de los espumosos semisecos, los valores correctos
quedarán en torno a unos 4-6 C para permitir el desprendimiento de las burbujas. Los
blancos y rosados jóvenes más ligeros (La Mancha, Valdepeñas, Valencia, Andalucía,
Madrid, Ribeiro y el chacolí), así como los espumosos secos de crianza breve, ofrecen
sus cualidades más apreciadas en torno a los 6-7 C.
Los rosados de más cuerpo, como los elaborados en Navarra, Aragón,
Ribera del Duero o, en general, hechos a partir de variedades como merlot o cabernet
sauvignon, junto a los blancos gallegos ligeros, blancos de Rueda o de corta crianza en
roble, salen airosos a unos 8-9 C. A temperatura semejante, resulta recomendable la
ingesta de los finos jerezanos, de Montilla-Moriles, del Condado, los dulces de moscatel o
malvasía y los espumosos secos de prolongada crianza en botella.
En la escala de 10 a 12 C, los blancos con notable crianza o los
fermentados en barrica, albariños y godellos de cuerpo, algunos tintos de Valdepeñas,
Arganda, Utiel-Requena y los generosos andaluces ligeramente abocados.
Los tintos jóvenes deben consumirse frescos, pero no fríos, entre 13
y 15 C. La mejor fórmula para conseguir esta temperatura es utilizar una cubitera con
agua y unos pocos cubitos de hielo e introducir en ella la botella durante 10 a 15
minutos. La baja temperatura del vino potencia el frescor en un blanco, pero en el tinto,
hace que se note más la astringencia y el amargor. El amargo lo aportan los polifenoles,
sustancias colorantes, y esencialmente los taninos. Por eso hay que beber los tintos
atemperados y no del frigorífico.
La temperatura idónea para el resto de los vinos es de 16 a 18 ,
incluyendo en este capítulo final todos los tintos de crianza, reserva y gran reserva,
junto a la gran variedad de amontillados y olorosos andaluces, los dulces de pedro
ximénez o moscatel, el fondillón alicantino, los garnatxa y otros rancios catalanes,
etc.
Copas transparentes
Las copas de vino deben ser siempre de cristal del menor grosor posible
y sin color.
| Las copas de colores, así como las talladas en exceso o
decoradas con dibujos serigrafiados, impiden contemplar el color y el aspecto del vino. En
cuanto a la |
 |
forma, la copa idónea para los espumosos es la llamada
de flauta, esbelta, alta y con el borde recto o levemente curvadohacia el interior. Su
capacidad no irá más allá de los 200 cc, para llenarla hasta aproximadamente un
centímetro de distancia del borde y facilitar la formación de la atractiva
"corona" de burbujas en la superficie del líquido.
Para los vinos generosos, la copa idónea es el catavino de jerezano,
percepción de los aromas en estos vinos singulares. Recomendable llenar sólo hasta la
mitad. |
En el caso de los vinos tranquilos, se puede utilizar
una sola copa, bien sean blancos, rosados o tintos, jóvenes o de crianza. Interesa una
copa de capacidad media (unos 200 cc), con forma esférica o ligeramente alargada y con el
borde curvado hacia el interior. De esta forma, los aromas se concentrarán en la boca del
recipiente, facilitando su análisis o simple disfrute. Llenaremos hasta un tercio de su
capacidad con intención de garantizar el desarrollo de dichos aromas.
Consumo inmediato
En líneas generales, los vinos que se comercializan jóvenes (vinos
del año o de segundo año, sin crianza) están concebidos para ser consumidos en un plazo
breve de tiempo. Los blancos y rosados del año más ligeros mantienen sus cualidades
durante el año siguiente al de su cosecha y ofrecen más seguridad de disfrute en los
primeros meses. Hacia el otoño, han perdido en gran medida sus aromas frutales.
Por sus especiales características, ubicaremos a los espumosos en el
grupo de vinos de consumo inmediato. Tan interesante como el dato de la edad de un
espumoso es la fecha del degüelle -se eliminan los posos de la fermentación dentro de la
botella-. A partir de ese instante, el espumoso se pone a la venta; ya está para beber,
mejor antes que después, puesto que en adelante no ganará calidad ni buqué. Evitemos la
costumbre de conservar las botellas de cava o champagne en casa, pensando en lejanos
bautizos o cumpleaños; si la intención es consumirlo de inmediato, el espumoso debe
guardarse en la parte menos fría de la nevera, por un período no superior a diez días.
Se puede guardar de pie, si hay problemas de espacio, ya que los actuales tapones lo
permiten. Observe si el tapón toma forma de seta al rato de su extracción, síntoma de
frescura en el producto.
Los finos y manzanillas son vinos de larga crianza y, sin embargo,
evolucionan rápidamente. Deben consumirse, por tanto, en un plazo de seis meses a partir
de su salida de la bodega elaboradora. En el etiquetado de estos vinos sería deseable la
inclusión de la fecha de expedición y/o la fecha de consumo recomendada. La media actual
de rotación de una botella de fino en España ha mejorado bastante y ronda los tres
meses, lo que hace aumentar las esperanzas de tomar un producto en buenas condiciones.
Lógicamente, el deterioro del vino en su calidad se acelera si dejamos las botellas
abiertas de un día para otro.
Los tintos jóvenes, así como algunos blancos de más extracto (como
los elaborados tras una maceración con los hollejos) o mayor estructura (como los de
Rueda y Albariños), soportan mejor el paso del tiempo. Los aromas frutales se ven
también atenuados, pero dejan paso a otras sensaciones, de evolución, en ocasiones
elegantes, al tiempo que se pulen y resultan más suaves en el paso de boca. Conservarlos
más allá de dos años empieza a ser una lotería. En los últimos años se están
elaborando vinos jóvenes con un toque de barrica, que suele oscilar entre los 3 y 6
meses, los cuales pueden aguantar perfectamente un año más en botella.
Vinos para guardar
El vino es un elemento vivo en constante evolución. La secuencia
natural de la evolución del zumo de la uva es mosto-vino-vinagre-agua. El objetivo de la
enología pasa por mantener el vino en su estado más satisfactorio durante el mayor
tiempo posible. Las características finales del producto determinarán su evolución y su
longevidad.
Sin embargo, no todos los vinos son susceptibles de mejorar sus
cualidades tras ser sometidos a un envejecimiento en madera y aún entre los que muestran
buenas cualidades para la crianza, no todos llegan a soportar largas permanencias en la
barrica.
El llamado vino de guarda puede pasar una larga etapa máxima de
calidad, no mejora ni empeora, habita en una especie de meseta, de la que tarde o temprano
irádescendiendo lentamente. No es lo mismo guardar en casa un tipo "crianza"
del 89 que un "gran reserva" de la misma añada. Si una determinada bodega ha
decidido destinar partidas diferentes de la misma cosecha a cada una de las categorías,
habráactuado seleccionando los vinos mejor estructurados para que éstos sean en un
futuro más viejos.
Cuatro años es el plazo medio de vida útil para el crianza, ocho o
diez para los reservas y quince o más para los grandes reservas. Hay que aclarar que esta
"regla" presenta numerosas excepciones.
Los vinos de mayor extracto, elevada graduación alcohólica, buena
acidez y bien dotados de taninos, gozan de una vida más larga, así como los que han
permanecido durante más tiempo en barricas de madera. Ejercen además su influencia las
variedades de uva, con sus respectivas tendencias más o menos oxidativas. Las
tempranillo, graciano, cabernet sauvignon, merlot, evolucionan más lentamente, siempre en
términos generales, que las garnacha, monastrell, gamay o syrah.
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NUESTRA BODEGA
Después de las indicaciones señaladas en los capítulos anteriores,
vamos a seleccionar una bodega de aproximadamente unas 100 botellas. Indudablemente habrá
bodegas que podrán almacenar mayor número de botellas y otras que no llegarán a esa
cantidad.
La proporción, en cualquier caso al número de botellas que haya en la
bodega, sería un 60% de vinos tintos, un 15% de blancos, un 5% de rosados, un 10% de
espumosos y un 10% de generosos.
Entre los vinos tintos, destinaremos 15 botellas a los vinos jóvenes,
de los cuales 5 podrían ser de Rioja, otros 5 de Ribera del Duero y el resto se
distribuirán entre las zonas con mayor auge en los últimos años (Somontano, Jumilla,
Toro, Navarra, etc.). 45 botellas destinaremos a vinos con crianza, divididas en 10
muestras de Rioja, 10 de Ribera del Duero, 15 catalanas, principalmente de la zona del
Penedés, aunque contando con alguna representación de la zona del Priorato y Costers del
Segre, 5 de Navarra y las últimas 5 botellas repartidas entre las demás zonas
vinícolas.
En cuanto a los vinos blancos, al no haber gran número de bodegas que
se dedicen a envejecerlos en madera, se podrían repartir perfectamente la mitad para
vinos jóvenes y la otra para los crianza. Entre los jóvenes, siempre conviene tener
alguna botella de las zonas de Albariño y Rueda, sin descuidar los buenos chardonnays que
se están elaborando en las zonas de Navarra, Penedés, Somontano y Castilla-La Mancha.
Para los envejecidos en madera, alguna representación de Penedés y Rioja e, incluso, los
nuevos vinos elaborados en Rías Baixas.
De los rosados, es interesante contar con algún representante de
Navarra y Valdepeñas, junto a los elaborados con variedades foráneas (Merlot, Cabernet,
etc.) del Penedés, Somontano, etc. Hay que recordar que estos vinos son jóvenes, y no
han pasado por madera.
En cuanto a los espumosos, principalmente catalanes, nos centrariamos
en los tipos Brut y Brut nature.
Por último, también es interesante contar en nuestra bodega con vinos
generosos andaluces. Para consumo inmediato tendremos siempre a mano algunas botellas de
fino y manzanilla. Para guarda, tendremos en nuestra bodega una pequeña representación
de los de mas tipos (amontillado, Palo cortado, Oloroso y dulce), que podrán reposar
durante muchos años.
Como nota significativa, sería interesante contar con botellas magnum
(150 cl.), ya que el envejecimiento es más lento.
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EL CATAVINO
Y LA FICHA DE CATA
El correcto análisis sensorial requiere
unas condiciones aceptables de serenidad y concentración en las personas que integran el
comitéde cata de la GUIA DE VINOS GOURMETS. Junto al catavino normalizado, con unas
medidas (ver figura aparte) y características concretas, la adecuada ficha de cata
resulta instrumento indispensable de trabajo para el catador.
El catavino está constituido por un receptáculo de forma ovalada, alargado en sentido
vertical, unido a una base sobre la que se apoya a través de un vástago cilíndrico de
cristal macizo. Estáfabricado en cristal transparente, absolutamente incoloro, con un
contenido de aproximadamenteun 9% de plomo. No debe presentar rayaduras, surcos,
acanaladuras ni burbujas. El borde debe ser regular, redondeado y suave, sin reborde, de
forma plana, cortado en frío y recalentado.
La ficha de cata
Los diversos modelos de fichas de cata de uso más
habitual, tanto en medios de comunicación especializados, como las utilizadas en
concursos, se pueden alinear en dos grandes tendencias, las fichas de calificación y las
fichas de descripción. Entre las primeras, también se pueden separar dos grupos, las
fichas de calificación positiva y las de penalización. Podremos hallar todas las
combinaciones posibles entre estos grupos.
La ficha utilizada por el comité de cata de CLUB DE
GOURMETS y la GUIA DE VINOS GOURMETS es de las llamadas de valoración positiva. A
continuación, recorreremos cada uno de los parámetros de la ficha, relatando al mismo
tiempo el proceso que sigue una muestra cualquiera de vino sometida al análisis de
nuestro Comité.
A lo largo del año se valoran cerca de 2.500 marcas de
vinos españoles. Las muestras proceden indistintamente de las bodegas (mayoritariamente),
de los distribuidores o de las tiendas especializadas. Antes de ser sometidas a
valoración, las botellas se almacenan en circunstancias óptimas de temperatura y humedad
durante al menos diez días, en una sala acondicionada, con el fin de que el vino se
recupere de posibles alteraciones provocadas por el transporte.
En cada sesión de cata se analizan como máximo quince
muestras ; se evita con ello la fatiga de los catadores, que acarrearía por la pérdida
de concentración un mayor riesgo de valoración inadecuada.
Antes de pasar a la cata, las botellas son cubiertas con
papel de aluminio, de modo que los catadores ignoren la marca del vino sometido a
análisis. Estas muestras pasan a una cava climatizada , para alcanzar la temperatura
óptima de cata.
Todas las muestras catadas, son informatizas en un programa
de ordenador, exclusivamente creado para este fin. Normalmente, a mitad de la sesión de
cata, los miembros del comité hacen un descanso de entre 5 y 10 minutos .
Fase visual
| El primer capítulo sensorial que se juzga es el visual, que
representa un 12% de la |
 |
valoración total de un vino en la ficha de
cata de la GVG. Está dividido en tres apartados: matiz del color , intensidady aspecto
del vino. Los dos primeros aluden a la vertiente puramente cromática del vino, y sirven
para medir su correspondencia con el tipo, la añada o incluso, la zona de procedencia de
la muestra. Del aspecto del vino se califica su potencial atractivo, la transparencia,
fluidez, la eventual presencia de materias sólidas en suspensión, etc. |
En el caso de los vinos espumosos, entran
también en consideración su efervescencia, el tamaño y la cantidad de las burbujas, el
desprendimiento de carbónico, y la formación o no de corona de espuma en la superficie
del vino.
Fase nasal
| El siguiente capítulo hace referencia a los aspectos
olfativos (18% de la valoración total). También en esta fase se juzgan la calidad e
intensidad de las sensaciones. |
 |
Obtienen calificaciones más altas los
aromas limpios y complejos, que introducen mayor cantidad de sensaciones agradables,
siempre que estas sensaciones se correspondan con la tipicidad del vino analizado (un
aroma de fresas, por ejemplo, es agradable, pero impropio si aparece en un vino blanco). |
Sensaciones de boca
En la boca se valoran cuatro apartados: sensaciones
gustativas, sensaciones táctiles, vía retronasal y persistencia . Este capítulo
equivale en su conjunto al 40% de la calificación máxima que puede obtener el vino.
En calidad e intensidad de sabores (16% de
la puntuación total ) se aprecia la presencia, potencia y equilibrio de los cuatro
sabores básicos (dulce, ácido, salado y amargo). Cosecharán una buena nota aquellos
vinos equilibrados y potentes y recibirán, en cambio, bajas calificaciones los vinos poco
expresivos, o aquellos que nos transmitan "puntas" dulces, ácidas o amargas,
etc.
El apartado dedicado a la vía retronasal (10% del total)
está íntimamente ligado a las cualidades aromáticas del vino, percibidas en este caso a
través del conducto que comunica la faringe con las fosas nasales. La retronasal
determina la sensación del vino en la boca y a veces se la denomina "aromas en
boca". |
 |
En calidad e intensidad de sabores (16% de
la puntuación total ) se aprecia la presencia, potencia y equilibrio de los cuatro
sabores básicos (dulce, ácido, salado y amargo). Cosecharán una buena nota aquellos
vinos equilibrados y potentes y recibirán, en cambio, bajas calificaciones los vinos poco
expresivos, o aquellos que nos transmitan "puntas" dulces, ácidas o amargas,
etc.
El apartado dedicado a la vía retronasal (10% del total)
está íntimamente ligado a las cualidades aromáticas del vino, percibidas en este caso a
través del conducto que comunica la faringe con las fosas nasales. La retronasal
determina la sensación del vino en la boca y a veces se la denomina "aromas en
boca".
En el apartado "táctiles" (6% de la valoración)
se juzga el paso de boca del vino, es decir, la suavidad y la temperatura gustativa,
calificando favorablemente los vinos suaves y penalizando aquellos caldos ásperos,
astringentes, ardientes, o que presentan aristas.
La persistencia (8%) es un apartado dedicado a las
sensaciones aromáticas y gustativas que permanecen en la boca tras la ingesta del vino.
Sensación global
Se trata del último estadio en la secuencia de la cata y
resulta determinante a la hora de valorar la calidad final de un vino (10%). Aspectos como
el equilibrio, la armonía o la fidelidad a una zona o a una añada concreta, serán
considerados en este apartado. El comité de cata castigará, por ejemplo, al vino con
aromas de crianza y sensaciones de juventud en boca, o al de gran intensidad en nariz y
escasa potencia en la boca.
Otras valoraciones
Una vez catada la muestra, se analiza la calidad del
tapón, el tipo de corcho, su longitud, flexibilidad o porosidad. La valoración del
corcho representa un 6% del total.
Se descubre más tarde la botella y se analiza la
presentación, en la que intervienen aspectos estéticos y adecuación del etiquetado a la
normativa, así como el tipo de botella y la calidad de la cápsula. En conjunto, la
presentación supone el 4% de la puntuación máxima que pudiera alcanzar un vino.
Valoraremos negativamente la ausencia de algún dato
obligatorio, como la graduación alcohólica, el contenido, la indicación de la
denominación de origen o el registro de embotellador, así como la ausencia de
indicación de añada -excepción hecha de los espumosos y los vinos envejecidos por el
sistema de criaderas y solera-. En sentido inverso, recibirán calificaciones altas
algunas otras infor maciones no obligatorias, como la indicación de fecha de embotellado
o expedición, algo que no nos parece en absoluto gratuito en el caso de las dos
excepciones anteriores, los espumosos y los finos o manzanillas.
Relación precio-calidad
Parámetro fundamental entre los consumidores y también en
nuestra ficha de cata, donde equivale a un 10% de la puntuación total.
Resultado final
En función de la ficha de cata utilizada, que reproducimos
en estas páginas, el valor máximo que podría alcanzar un vino ideal sería el
correspondiente a la suma de todos los valores de la columna excelente, que es de 300
puntos.
La puntuación de un vino cualquiera saldrá de la simple
relación proporcional entre la puntuación que ha obtenido y el máximo posible. Si
llamamos S al valor de la puntuación obtenida por el vino en cuestión, este valor
trasladado a una escala académica de 0 a 10 sería:
V=(Sx10)/300
Además de cumplimentar la ficha analítica, el catador
establece una valoración subjetiva independiente, pero nunca contradictoria con la
valoración analítica, mediante la expresión de un valor numérico comprendido entre 0 y
10. A este valor le llamaremos V2. El valor final del vino que cada catador otorga se
obtiene mediante la sencilla fórmula:
V1=(2V1+V2)/3
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EL CORCHO Y LA BOTELLA
En este capítulo hablaremos de los
diferentes tipos de corchos y botellas que se encuentran con más presencia en el mercado,
así como de la importancia de ambos en el mundo del vino. No podemos olvidar que la
calidad de un vino, en este caso de la botella, depende en gran medida de las condiciones
del corcho.
El corcho
Para conservar el vino, este tiene que
estar cerrado herméticamente para protegerle de agentes externos (humedad, aire, olores,
etc.) y para que no se vierta. La mejor manera y la más utilizada es cerrarlo con un
tapón de corcho, un producto que viene del alcornoque y que es el material más
resistente y elástico que se conoce.
 |
La longitud varía según
el tipo de vino. Para los que envejecen, tanto en madera como en botella, se suele
utilizar un tamaño que va entre los 44 y 50 mm. de largo. Para los vinos jóvenes o de
consumo rápido se utilizan corchos de menor longitud.
Existen varias calidades dentro de este tipo de corchos. El buen corcho es
completamente natural, de la corteza de un alcornoque que tiene los suficientes años y
que ha pasado todos los procesos de corte, curación y secado. No debe tener ningún
tratamiento de parafina y similar. Por otro lado existen otros corchos de menor calidad,
tales como los aglomerados, colmatados, etc., aunque su uso está decreciendo en los
últimos años. |
En España hay dos zonas,
que por sus especiales características, utilizan unos corchos distintos, creados
expresamente para ese producto. Estos son el tapon champagne para los cavas y espumosos y
el pilfer y cabezuelapara los vinos generosos andaluces.
Es muy importante la calidad y tamaño del
corcho, ya que su protagonismo será crucial en la conservación y vida de los vinos.
Cada vez más, debido a un buen rendimiento
y precio, se está extiendo el uso de uno hecho a partir de polvo de corcho. En los vinos
jóvenes su rendimiento no ha dado problemas. Esta por ver como rendirían en los vinos de
guarda.
Por último, debido a una dura campaña de
desprestigio desde nuevos países productores de vino, intentan potenciar el taponaje de
plástico. Al no ser productores de corcho, sino importadores, tratan de magnificar
cualquier accidente que sufra el corcho durante el proceso de taponaje, intentando realzar
la importancia del nuevo material. Se puede interpretar que es un problema de
"economía"que de calidad.
Es difícil calcular la duración de un
corcho, ya que unos aguantan mejor que otros. Pero se podría estimar su vida entre unos
12 y 15 años.
La botella
| Las formas de las botellas son muy variadas en el mundo del
vino. Hoy en dia, a los |
| ya característicos tipos de botellas, hay que unir el afán que tienen
muchos bodegueros en personalizar su forma de botella, color, etc. Un buen número de tipos vienen de Francia, y los nombres de
las botellas se lo ha dado la región que lo difundió (Borgoña, Burdeos, Rhin, etc.). |
 |
Existe gran diversidad, pero
nosotros nos vamos a centrar en las botellas con más presencia en el mercado, que son
siete.
- Bordelesa.Toma el nombre de Burdeos. Es
la más extendida en España y tiene una forma cilíndrica y alta. Suele ser de color
verde oscuro o pálido, con un fondo cóncavo. Las más oscuras se destinan a los vinos
con más crianza y tienen el fondo cóncavo más pronunciado.
- Borgoñesa.De la zona de la Borgoña, es
más antigua y la forma es ancha y corta.
- Rhin.Su origen es alsaciano-germánico y
es larga y delgada, destinándose principalmente a vinos blancos y rosados.
- Champagne. Es la botella típica para los
vinos espumosos, con vidrio resistente a la presión y de forma ancha. El vidrio suele ser
verde oscuro y con fondo cóncavo
- Jerezana.Es la típica de los vinos
generosos andaluces. Su color es oscuro y cuello largo.
Especial de 50 cl. Podríamos decir que se
trata de una bordelesa pequeña. Muy empleada en los vinos dulces (moscateles). Se están
poniendo de moda en el mundo de la restauración, ya que es el tamaño ideal para un
comensal.